SOMOS DEMOCRÁTICOS PERO NO VIOLENTOS.

 

SOMOS DEMOCRÁTICOS PERO NO VIOLENTOS.

Decidimos ser democráticos, porque es la manera de organizarse social y políticamente poniendo por encima el respeto y la tolerancia ante los demás.

Entonces todos podemos participar e intercambiar opiniones sin violencia. Y acceder a tomar decisiones por una razonable mayoría.

Pero para que esa democracia implique realmente respeto y no violencia, es necesario entender y actuar luego desde el amor al otro, que es lo que fundamenta el concepto de respeto.

El amor entendido como ser para el otro y no para mí, impone la necesidad de aceptar al otro tal como es e intentar amarlo y por tanto intentar ayudarlo.

Pero también ese amor impone a la vez, la aceptación de la realidad de su fundamento que es la creación de Dios de toda la realidad, ya que esta realidad, dada sin nada a cambio es la más perfecta muestra de amor.

Es esta una aceptación de la realidad de Dios absolutamente racional, y fundamentada en la realidad en la que estamos inmersos, y que no tiene ninguna otra explicación acerca del origen, cosa que es evidente que ni “la teoría del Bing Bang” ni la actual “máquina de Dios”, pretenden reemplazar.

Aceptación que no implica necesariamente la fe concreta en alguna religión, porque tiene fundamento científico y racional, a partir de la realidad.

Entonces desde el consenso de las mayorías, se dan las leyes constituyentes de las naciones y el mismo gobierno de las mismas, sin violentar a los que no estén de acuerdo.

Este orden democrático es el que los argentinos hemos elegido y estamos intentando llevar adelante desde que nos comenzamos a constituir en 1810.

Pero todos vemos que la democracia que estamos encarnando es muy defectuosa, y está muy lejos de ser respetuosa, porque observamos violencia en la injusticia de la distribución de la riqueza y de la administración de la misma justicia, en las necesidades mínimas insatisfechas de muchos, en el intento de la imposición por la fuerza y la violencia de unos sectores sobre otros a través de los cortes de rutas y calles, de los paros patronales y las huelgas de trabajadores, de las tomas de propiedades, terrenos y escuelas, de las agresiones físicas de los agentes del orden y de cualquier sector que se movilice, de los delitos y crímenes de todo tipo y por algo que suele ser causa de la mayoría de los conflictos, que es “el insulto y la descalificación” como un delito casi no calificado y en todo caso permitido y generalizado. (Mt 5,20/26)

Todas estas son manifestaciones de violencia, de búsqueda de desequilibrar la actitud de respeto democrático –y por supuesto de todo intento de amor- y por tanto de destruir el orden legal constituido democráticamente.

Por supuesto que tenemos que intentar lograr mejorar la manera democrática en que vivimos.

Pero la única forma es por procedimientos de acuerdos y consensos, desterrando todo tipo de violencia en las palabras y en las actitudes.

Y por supuesto que no se logrará generando el esquema hegeliano de dialéctica de la historia que Marx aplicó como análisis de los procesos sociales y políticos expresando la necesidad de “revolucionar a partir de la lucha de clases sustentada en la violencia”, buscando justamente cambiar, revolucionar, el orden establecido. Por supuesto que implica la negación de Dios creador y la ausencia del amor como posible y además no es lo que elegimos.

Tampoco se logra por medio de liberalizar o dejar a merced de la libre oferta y demanda de la iniciativa privada, porque está a la vista y por la experiencia de la historia, que los poderes económicos y/o políticos terminan siendo muy injustos, arbitrarios y autoritarios. Nuevamente violentos. Y tampoco los elegimos.

Se trata de mejorar la civilización dominando el instinto agresivo que tenemos, que es parte de nuestra manera de actuar natural y que es necesario para nuestra defensa personal y familiar y se actuó siempre por la necesidad de matar para comer, en base al instinto de subsistencia que compartimos con los animales.

Pero la antropología nos muestra una persona humana superior a los animales, esencialmente, por medio del entendimiento y la consiguiente capacidad de elección y libertad.

Y a lo largo de la historia, el hombre ha logrado superarse, en virtud de su manera de ser inteligente y ha diseñado modelos de convivencia, cada vez más civilizados, avanzando en ese respeto por el otro y superando el nivel de violencia en la convivencia, cada vez con mayor claridad, en lo que respecta a sus iguales y aún con su relación con el medio ambiente llamada ecología.

Actualmente los peronistas no estamos proponiendo una revolución del orden democrático que hemos constituido con tanto trabajo y dolor en nuestra Patria, sino superar sus defectos, desde un pueblo masivamente creyente en un Dios creador y por tanto de una realidad regida por el amor y el respeto.

No ser violento en la democracia, nos tiene que llevar a los peronistas a extremar los recursos institucionales y a mejorarlos, nunca a buscar la imposición por la fuerza, porque es lo contrario a la democracia.

Porque toda búsqueda de imposición por la fuerza es violencia que ejercemos sobre otros, y eso no es razonable ni respetuoso del otro.

Lo único razonable es el acuerdo desde el intercambio y el trabajar juntos, empeñados en convivir, nunca en pelear o imponer contra la voluntad o forzando al otro. Porque inexorablemente es una violencia que genera más violencia como respuesta, cosa que tenemos demasiado experimentado a lo largo de la historia, nuestra y ajena.

Es tiempo que aquilatando los dramas del pasado y viendo las peleas actuales, generemos el espacio para la convivencia con todos, Pretender dejar afuera a alguien es criminal y origen de futuros crímenes en respuesta.

Este es el espíritu democrático que entendemos y proponemos, respeto, diálogo y profundización de todas las instancias institucionales y recursos que la república y la democracia pone en funcionamiento para llegar a Acuerdos de convivencia con espacio para el disenso. Es decir con espacio real para los que piensan distinto y sean minorías.

Antonio Donato Puga Volpe. DNI. 5071924.

Militante peronista. Afiliado al Partido Justicialista. Ciudad de Buenos Aires, el 26 de noviembre del 2010.

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