Sobre la hipocresía.

 

Sobre la hipocresía.

Hay un aspecto positivo en los tiempos actuales, sobre el concepto de hipocresía.

Se ha sincerado el actuar moral, y no se oculta la conducta, aunque no corresponda con la moral tradicional y cristiana, esa moral objetiva, dada en la naturaleza humana y explicitada en el decálogo mosaico.

Esto quiere decir que ahora se sabe con claridad quién no está dispuesto a atenerse a la moral impresa por Dios en el hombre y prefiere desobedecerle para tener una moral independiente de Él, propia de sí mismo y por tanto subjetiva.

Y también está claro los que la aceptan, observando su conducta, que será coherente con la moral objetiva.

También subsisten los incoherentes -como ha pasado a lo largo de toda la historia de la humanidad- que dicen aceptar la moral objetiva y luego fallan, pero por lo menos reconocen que fallan.

Lo mismo les ocurre a los de la moral subjetiva, también están los coherentes en su vida y los que no coincide lo que predican con lo que hacen.

A los no cristianos también les ocurre la hipocresía y el reconocer sus fallos o su incoherencia.

Sigue pasando lo mismo, sólo que ahora no se oculta tanto como antes, hay menos hipocresía entonces y esto es muy bueno, muy positivo.

Pero hay un aspecto negativo que es el pretender que todo intento virtuoso es hipócrita, lo que es lo mismo que pretender que no es posible la virtud, el actuar bueno.

Y por supuesto que tal posición implica una antropología pesimista acerca del hombre, desesperada e incrédula acerca de su dignidad y posibilidad de plenitud.

Esto es un error, porque a lo largo de toda la historia, así como ha habido hipócritas ha habido coherentes y santos de verdad, tanto dentro de los objetivistas como dentro de los subjetivistas.

No es cierto que no se pueda ser bueno y virtuoso, o que todo el que lo declame sea un hipócrita.

Hay muchos que logran ser buenos y fuertes en su intento.

El aspecto negativo en la denuncia de hipocresía, se manifiesta cuando se exagera y generaliza la calificación de hipócrita para todo el que no se manifieste como subjetivista en su moral, es decir dueño de decidir lo que está bien por sí solo.

Entonces se dice o acusa de hipócrita a todo el que pretenda aceptar la moral objetiva y la propuesta del esfuerzo por lograr esa vida virtuosa. En concreto se pretende negar la posibilidad de ser virtuoso, porque la moral subjetiva no resiste la comparación con la moral objetiva.

En realidad se ha pasado a utilizar el delicado tema de la hipocresía, como cliché para combatir a la moral objetiva fundada en el decálogo mosaico, característica de los teocentrismos bíblicos, tanto desde la política y medios de comunicación de la derecha como de la izquierda, en donde coinciden claramente convirtiéndose en dos ramas ateas y antropocéntricas no diferenciables en esta cuestión.

Me atrevería a decir que la gran mayoría de la gente, anónima y sencilla es buena y además actúa bien, y no es hipócrita, aunque a veces se equivoque, porque reconoce su error y  luego vuelve a intentar ser mejor. Lucha por sus virtudes, con la característica de la ascesis, es decir lucha contra sus defectos, no contra otros sujetos.

Así lo veo a Perón con errores y aciertos, y con renovados intentos de superarse. Esto lo muestra magníficamente en su retorno, sólo por el hecho de venir, a sus ochenta años, en vez de quedarse tranquilo como bien lo merecía.

Lejos de mí, la pretensión de evaluar su mayor o menor hipocresía. Porque nadie tiene derecho a juzgar a nadie en su intimidad subjetiva y mucho menos a Perón.

También pienso que nadie debe juzgar a nadie en su subjetividad. Sólo se pueden analizar los hechos objetivos, no a la persona.

¿Quién puede tener derecho a calificar a otro de hipocresía si no conoce su intimidad subjetiva.?

¡No existe el derecho a insultar u ofender a nadie.!

Antonio Donato Puga Volpe.

Abril del 2011

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