LA RELACIÓN DEL PODER POLÍTICO CON LA IGLESIA

 

La Iglesia ha hecho un progreso y cambio muy significativo en el siglo pasado, separándose del poder político de los Estados que se llamaban y definían como cristianos, contrariando una vieja tradición que venía de la época de la conversión del césar Romano Constantino.

En realidad desde un principio y sufriendo las persecuciones romanas los Papas lo tuvieron claro y lo ejercieron como se observa en el 3° Papa, San Clemente en el año 96 escribe la carta a los de Corinto y dice “…porque el sumo sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; …mientras que el laico está sometido a los preceptos del laico.”..(40,1-5)

Quizás por fin -a la vuelta de la historia- entendió el papa que debía dejar al César lo que era del César y dedicarse sólo a lo que es de Dios. Dado que estaba demostrado con 20 siglos de historia que no podía desaparecer, que era el gran temor que amenazaba sus comienzos -rodeado de invasores constantemente.

Pero los peronistas tenemos que entender esto adecuadamente. No quiere decir que el papa no tenga nada que aportar. De hecho todos los papas del siglo, posterior a esta separación del territorio y Estado Vaticano del Romano y de Italia, han escrito las encíclicas sociales y desarrollado lo que se ha venido en llamar la Doctrina Social de la Iglesia. Teniendo en Benedicto una expresión suprema de la misma en Caritas in Veritate, presentada en 2009.

Entonces la tarea de la Iglesia es orientadora para que los cristianos y si Dios quiere todos, también sepamos ordenarnos al sentido sobrenatural y por tanto a nuestra plenitud como personas humanas.

Pero la tarea concreta del gobierno y del análisis y solución de las coyunturas de cada tiempo, corresponde al César resolverlas, es decir al poder político, a los gobiernos y en nuestra Patria, ciertamente en buena medida a los peronistas como hasta ahora venimos comprobando.

Entonces tenemos que hacernos cargo los políticos, tenemos que dejar en paz al Papa y a los obispos en su tarea religiosa, pero sin dejar de escuchar y HACER CASO a su orientación, para no descaminarnos. Porque somos LIBRES de gobernar como queramos, de la misma manera que somos libres de aceptar y obedecer a Dios o de negarlo y consiguientemente de desobedecerle.

Y allí, en darle su lugar a Dios en nuestro corazón y consiguientemente en nuestro gobierno está la discordia y el desencuentro entre los hombres como ha sido a lo largo de toda la historia-, entre nuestros compatriotas y hoy lamentablemente también entre los compañeros peronistas.

Desencuentro entre los peronistas que no tendría por qué pasar si entendiéramos que la identidad de Perón y de Evita pasaban por Dios, por Cristo y por María, es Teocéntrica y no Antropocéntrica como pretenden los subjetivismos tanto liberales como marxistas, de los que Perón claramente se distanció.

Y por supuesto que cuando hablamos de teocentrismo, incluimos a todos los hombres de este mundo que acepten a Dios creador y real, porque en definitiva no puede haber más que uno creador, más allá de las distintas maneras de entenderlo y expresarlo que hay y ha habido.

Es obvio que el fundamento aplastante de esta posición de Perón y nuestra, no es sólo la propia fe que compartimos con él, sino el que no casualmente la compartimos con la inmensa mayoría de la humanidad actual y de toda la historia y en concreto con el pueblo argentino y latinoamericano, actual y de toda su historia, tanto de los pueblos originarios como postcolombinos.

Por supuesto que Perón abrió sus brazos generosamente para recibir en el seno del movimiento y del partido a todos sin excluir a nadie, como Cristo en la cruz pero sin perder por eso su identidad.

Antonio Donato Puga Volpe.

DNI. 5071924.

Militante peronista. Afiliado al Partido Justicialista.

Ciudad de Buenos Aires, el 26 de noviembre del 2010.

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