LA ESTRUCTRA. NUEVA DIOSA DE LA FILOSFÍA.

 

De la Construcción objetivista a la Desconstrucción subjetivista.

Como viajando en el tiempo, podemos observar lo ocurrido en nuestro mundo humano, o realidad construida por nosotros, los autodenominados hombres.

Decir que “nosotros construimos nuestra realidad”, es de suyo una contradicción conceptual para el objetivismo, porque la realidad, aún la de los hombres o sujetos, está allí queramos o no, los hombres que la habitamos.

Y también decir “nosotros construimos nuestra realidad”, puede ser una concesión al espíritu o filosofía estructuralista actual y a su manera universal de decir, al intentar explicar esa realidad que los hombres habitamos. Pero una concesión que estamos dispuestos a transitar.

Pero haciendo efectivo ese viaje en el tiempo, podemos observar a nuestros hombres –y mujeres también, por supuesto -, que desde sus comienzos, se organizaron socialmente, económicamente, “construyendo” sus viviendas, sus sembrados, cosechas y guerras, sus gobiernos y desgobiernos, generando la historia “real” de los distintos pueblos, desde donde cada comunidad y cada hombre individual de ésos pueblos, iba entendiendo esa realidad y se iba proyectando para mejorarla, transitarla y para crecer junto con los demás hombres con los que compartía esa realidad.

Es indudable que en el análisis de la realidad, los hombres vamos viendo cómo mejorarla. Dicho en el esquema de la relación Sujeto-Objeto, se podría decir que el Sujeto, en tanto que contacta con el Objeto, lo entiende y puede proyectarse para modificarlo.

Pero siempre desde dónde el hombre entiende.

Y así, ya viendo la historia concreta, un Aristóteles, es capaz de hacer un análisis que llama Metafísico si piensa al Objeto o realidad, o Lógico si piensa la manera de conocer el Sujeto o persona humana. Y con ése análisis logra profundizar el conocimiento de la realidad, de ésa misma realidad que todos los individuos y sus consiguientes pueblos, habían ido conociendo, y desde el punto de vista social, “construyendo”, porque tanto Aristóteles en el ámbito filosófico como cualquier contemporáneo suyo a nivel práctico iban entendiendo la realidad y actuando sobre ella, construyendo por tanto su civilización, su cultura, su manera de convivir.

Y esto les pasó a todos los pueblos, desde las primeras familias nómades prehistóricas, hasta la actualidad.

Pero esto no es teórico, es real, objetivo y práctico. Es lo que hay, lo que hubo, y sin duda lo que vendrá.

Porque vendrá, como siempre, la realidad a imponerse ante los hombres con su presencia inexorable, dada, objetiva y también maravillosa, hermosa.

Pero entre lo que hubo, está toda la historia, de intentar entender ésa realidad y de desencuentros con la misma.

Ésa historia, escrita por tanto, muestra a algunos que pretendieron acomodar la realidad a su gusto, según su propia interpretación, y la llamamos “Subjetivista” –que no es lo mismo que “Subjetiva”, ya que sería una exageración de lo subjetivo en el análisis -, porque es prejuiciosa y reduce la realidad a su antojo. Muchos simplemente desde su ignorancia, y otros desde su capricho o decisión y aún yendo en contra de lo razonable o de lo racional, de lo entendible, perdieron la frescura del intento verdadero y sincero de ver ésa realidad, ése Objeto de conocimiento tal como es; y cómo la inmensa mayoría de las personas lo ven. Como sus sentidos se lo presentan.

Por tanto los Subjetivistas perdieron la verdad de la realidad, y han llegado a negar que hubiera una verdad, es decir una única realidad. Ya que cada subjetivista reclama “Su” realidad, a su gusto.

Como resultado de los objetivistas o realistas, la humanidad fue creciendo en “la construcción” de la sociedad, de la convivencia, de sus ciudades, de su ciencia, de su filosofía, de su arte, de sus leyes, de sus mitos, de sus religiones, de su cultura y en definitiva de su historia.

Simplemente, el hombre en contacto con la realidad, es decir con el mundo y su realidad ontológica, del que siempre fue parte esencial Dios, se fue desarrollando, creciendo y plenificando, es decir, siempre fue “verdadero”, o dicho de otro modo, siempre fue idéntico, identificado con lo que lo rodeaba y él mismo producía. Y sigue siéndolo, inexorablemente, porque nadie puede dejar de ser lo que es.

Pero también algunos hombres, que son historia también real, fueron tratando de negar parte de la realidad, cometiendo el error esencial, pretender ser ellos los gestores –subjetivistamente- de la realidad, y comienzan por negar entonces la realidad de Dios.

Todo el análisis posterior, será intentar explicar y luego vivir, la realidad sin Dios, lo cual les lleva a negar el “ser mismo”, es decir la realidad ontológica y por tanto la filosofía que lo explica, la metafísica aristotélica y el creacionismo judío que la completa.

Allí estarán Guillermo de Ockam el nominalista, Francisco Bacon el empirista, René Descartes el creador del “espíritu de la sospecha”, Emanuel Kant y Hegel los idealistas, Augusto Comte y Charles Darwin el evolucionista, Friederich Nietzche el que mató a Dios y Sigmund Freud el parricida, Jhon Watson el conductista, Jean Paul Sartre el que perdió el sentido de la vida y Derrida que concluye que hay que desconstruir lo construído; entre los más claros expositores de este subjetivismo reduccionista de la realidad, en que pretenden eliminar cada vez con mayor consecuencia, coherencia y profundidad, la realidad de Dios, y del espíritu humano o ámbito de la realidad propio de la inmaterialidad, combinando la reducción al sólo análisis entonces de la materia como única realidad.

Y entonces, negaron a Dios, al espíritu y por tanto a la racionalidad propia del intellectus y se quedaron sin el análisis filosófico, por tanto sin “ser”, sin “ontología”.

Actualmente éste quedarse sin análisis del “ser de las cosas y de la realidad”, produce “un vacío” en el explicar esa misma realidad. Literalmente, la realidad está vacía de contenido y de forma de explicarla, y allí aparece entonces el substituto que estos Subjetivistas han encontrado para reemplazar al “ente” aristotélico: la estructura.

De la mano de Ferdinand de Saussure con sus “sistemas” de opuestos lingüísticos, y luego con los “esquemas” piagetianos y en fin por todo pensador, científico o filósofo que no se atreve o no quiere utilizar la ontología, el ser de las cosas, entonces habla de estructura, esquema o sistema, para explicarla.

Y son conceptos vacíos de realidad, no tienen nada dentro, “no son”.

Y así como accedimos a utilizar el concepto de construcción sin haberlo aclarado debidamente, pese a ser producto tributario de los sistemas, esquemas y estructuras, por considerarlo factible también desde la ontología, pero que requiere la adecuada precisión de su significado, es decir ¿de qué construcción estamos hablando? ; en cambio reclamaremos unas precisiones adecuadas del significado de la estructura, que no están presentando quienes la pretenden utilizar como substituta del ser.

Porque de la mano de esta conceptualización imprecisa y se podría decir que incomprensible naturalmente como lo es natural y directamente el concepto de ser, llega un Lacan a hablar de la ausencia de Sujeto en el hombre, o Sartre a hablar de la ausencia de sentido en el hombre.

Pero la historia del Subjetivismo no termina en un reemplazo conceptual, porque es un intento racionalista, siguiendo siempre la línea cartesiana, de explicar la realidad desde el hombre mismo, que lleva a una conclusión preocupante.

Si todo lo “construído” por el hombre objetivo y realista, que construyó reconociendo la realidad del ser, de Dios, del espíritu, de la razón, de la materia y del mundo, está mal, porque están empeñados en decir que la realidad no es, Dios no es, el espíritu no es, entonces, “toda esa construcción hay que destruirla”, y la llaman Desconstrucción con Derrida.

Y con este objeto comienzan a atacar las religiones en primer lugar, y ahora la familia que es el comienzo de la construcción realista que comenzó a realizar la sociedad del hombre primitivo, aún el prehistórico.

Supongamos entonces, que comenzamos a destruir todo lo construido, ¿quién podrá tener algún criterio o autoridad o poder para construir?. Es decir ¿Construir qué, cómo y para qué?.

Si desconstruímos la familia, para hacer varios sexos como pretende la “ideología de género”, tendremos que construir todo de nuevo. (Suponiendo que esto no pase de mera fantasía idealista y voluntarista utópica). Y entonces posiblemente llegaríamos a construir “el mundo feliz” que imaginó Aldous Houxley en sus desvaríos de ciencia-ficción, en donde no había madres ni padres y todos eran clones según sus funciones.

Lógicamente habremos de desconstruir también los sistemas políticos actuales, no hablemos de la rudimentaria e injusta democracia en que vivimos, ni de las ciudades con gente pobre e inútil, o con viejos o con niños o con enfermos. La estructuración y construcción racionalista y razonable, será que todos ellos hayan de desaparecer, junto con la libertad, ¡claro!.

¿¡Qué mejor realidad que un mundo sin libertad que no nos haga sufrir!?

Porque el no aceptar la realidad y por tanto la realidad de Dios, nos lleva a hacerle vejámenes monstruosos a la humanidad misma, como son las guerras, las bombas atómicas, la injusticia del hambre, de las drogas adictivas, del aborto y de la eutanasia.

Por una sencilla razón.

No aceptar al autor de la realidad, es pretender que no tiene la autoridad que sí tiene. Y por tanto lleva a desobedecer la ley moral que imprimió en la naturaleza del hombre y que explicitó en el decálogo mosaico para que no nos equivocáramos en su interpretación y conocimiento.

Si él no es el autor de nosotros, no nos puede decir cómo es bueno que actuemos, ni qué sentido darle a la construcción de la realidad que eventualmente nosotros ayudemos a concretar.

Y ¿quién dirá lo que es bueno o la norma moral entonces?

Siguiendo a Kant, cada uno de nosotros decidirá qué es lo que está bien para sí mismo. Es decir, no hay una norma moral común a todos, es subjetivista.

Y sencillamente la humanidad se convierte en un caos moral y en un desorden real, sin posible orden ni concierto, por tanto sin posible verdadera libertad, pero eso sí, subjetivista y racionalista.

Antonio Donato Puga Volpe. Enero del 2006.

DNI. 5071924.

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